Tu reino
Llegar hasta el fin sin desfallecer.
Disparando el cuerpo entre la selva, claro, colosal.
Barnizando el crisol hasta agotar fuerzas.
Y lo inmenso brotará de ti, rey desterrado que sueña.
Solo así harás tu reino, solo así.
Y extiéndelo sin vanidad, para una vez habitado,
no existan becerros de oro ni serpientes tentadoras.
Y solo faltará la voluntad para mantenerlo erguido,
visible desde la lejanía.
Y cuando los derroteros estén por morir,
verás emocionado la mar embravecida pariendo el futuro.
Siendo este tu tiempo crucial, el de potrillo de crines rojas
entre amapolas ilusorias.
En fin, el de una criatura hecha de sangre que no desborda.
Siendo tu el único que cruza cualquier torrente.
Pionero de lo perdido
El control de los imperios,
tal vez sea cosa absurda.
Bajo el dominio de tus manos,
se congelan los impulsos, los tanteos,
los mágicos imperios sin poder.
El mundo te acoge, las cosas están ahí.
Tú y las cosas siendo crisoles
en una sensación exquisita.
Improvisa en la jugarreta,
piérdete, aventura quién sabe adonde,
dormita, no abras mucho los ojos,
embriágate en las pulsaciones de tus contactos.
No pongas en tus búsquedas mucho afán,
suelta las amarras, desintégrate
en fugaces y perpetuas luminiscencias.
No sustentes tus mil facetas
en el diamante apetecido que aprisiona las leyes.
No estés siempre, muy despierto allá afuera,
porque el dinosaurio de tus profundas aguas,
tal vez ascienda, en el epitafio de las edades.
Recoge tus voluntades y los azares
y sopla con nuevos vientos,
con puros aromas,
recogidos en la risa y el lamento,
el impulso del cambio y la resignación.
Se como un niño, ser caprichoso y sensual.
Reflexión
Fijo mis pensamientos en el tiempo,
como la fantasmal agua vibra en la fuente,
como el huesudo y tibio pájaro,
que humedece su pico con el sudor de la tierra.
Millares de pulsaciones, que no tienen otro puerto
que no sea el del silencio, se pliegan y despliegan,
en los poros del tiempo.
En la fugacidad de mis pasos,
vive el fugaz trueno,
el rápido vuelo del gorrión,
los rostros de una micro,
dirigidos hacia todos o ningún destino.
Permanencia de luces y sombras,
riel vertical,
derrotero de mi visita pasajera,
abertura egoísta, sabia y fugaz,
como parpadeo de mi ojo
con sed de infinito.
Corteza firme,
anillos concéntricos, frescor,
suspiro profundo
habitando entre cielo y tierra.
En un torrente, miles de gotas se unen en un segundo.
Lo que en la tormenta de lo oculto,
encontraste separado,
deberás unir en la hoguera.
Metáfora que en un segundo,
pretende ser poseedora,
de lo inalcanzable,
del abismo oscuro y apasionante
a los pies de su frontera fatal.
Si posees el infinito en tu cuerpo,
no desperdicies tu oportunidad,
no rehuyas del cacareo del gallo,
fluye, déjate llevar a través del continuo
indivisible de variedad ilimitada.
Somos como un rayo repentino,
en medio del resplandor de la vida.
Hagamos de nuestra vida una luz,
dentro de la luz.
Pequeña luz encarcelada en sus límites,
pero Intensa.
Nacer y morir
Se renuevan las mareas a cada instante,
se ahondan los surcos, se afianzan los espíritus
de crudas realidades, se adecuan las voluntades
a lo insoportable, se alzan límpidas conciencias
en medio del lodo.
Para morir acribillado en la calle a mediodía,
renaciendo al siguiente. Renacer, esa es la clave,
quien nace más veces se hace más fuerte.
Felicidad
Acaso creen en la existencia
de una máquina que produzca felicidad.
En cuanto dejen de pensar en ella serán felices.
El deseo y la necesidad son la maldita máquina
de la felicidad que nos ahoga.
¿Desearías ver una puesta de sol?,
tal vez con 50 puestas de sol se te iría el deseo.
Y serías feliz, solo con una, después de mucho tiempo.
Manos
Valle de pliegues milenarios
Capullos de aroma y eternidad
Delicadas alas de mármol, galopantes
Mantel de diamantes, cegadores de resplandor
Húmedo y fértil bosque de cipreses
Nutridas gubias, de esculturas eternamente acariciadas
Esferas de terráquea luz,
Labradas por mil tormentos y esperanzas
Hijas de Guayasamín, el pintor
Archipiélagos al aire con pies de losa
Huellas de la pureza y putrefacción humanas
Nazcas de sol replicadas en mil vidas
Madres del cultivar y construir
Mariposas inquietas sobre jardines de plata
Camaleón universal de la materia.
Pequeña muerte
He despertado de una pequeña muerte, una de tantas.
El profundo sueño como la región de los muertos.
Laboratorio de la conciencia, borroso espejo del miedo,
pasillo sin tiempo. Contrapunto de la vigilia,
pausa del gran movimiento. Brumoso y llameante
como tierra de dragones.
La muerte no existe, sin un despertar no existe.
Antes del nacimiento ni vida, ni muerte,
ni este poema, ni otro. El universo gira.
Nuestro mundo
La vida es sueño nos dijo Calderón, lo que es cierto. La vida está hecha de nada. Y tan insustancial es, que se deshace en un instante.
Nuestras categorías, nuestras clasificaciones nos hacen incapaces de morir. Y en la gran incógnita es tanto lo que se muere, que lo único que nos pertenece es el presente. Creemos que el sistema es la mayor realidad, la más concreta, la más sagrada. Dimos vida a una máquina de retención a una cabina productora de control. De control desesperado y aterrorizado. Hemos ordenado el mundo con el miedo y nuestro miedo divide y nuestras divisiones ponen etiqueta y nuestras etiquetas generan prejuicio y nuestros prejuicios nos aferran a verdades ciegas, a falsos becerros de oro que nos dicen que el mundo es una posesión que no se puede soltar. Que nos hablan de sobreabundancia, de placer, de eternidad, de autoridad, ¡Autoridad!. Cuando la única autoridad es la muerte.
Esta visión yace en la contemplación de lo que ocurre, del todo que se manifiesta en el ahora. Contemplando se pueden morir todas las muertes, develando el valor de x.
El cautivo
Llevo meses bajo estas cuatro paredes,
sin siquiera acercarme a la puerta
a ver la claridad.
Ardiendo de deseo, aspirando eternidad.
Dilema de mi ser huracanado
en un milímetro de carne.
Se que no puedo, que no pueden escapar
de esta paradoja habitación.
La depravación y la caridad
están en nosotros,
mis hermanos desesperados.
Mi vida será breve como la de todo ser,
y habré vivido atado, habré sido
mi enemigo, mis sucios pensamientos,
mi amada madre, el hambre de un niño.
Si en la tierra matara
estas naturalezas
sería visto como de otro mundo.
Se y sabemos
del tibio vivir que practicamos.
Enjaulados entre posesiones
y vanidades estúpidas.
Buscando obsecados dentro y fuera
sabiendo que no hallaremos.
Arrastrados por fiebres
de carne y espíritu.
Arrojados impotentes
frente al misterio de la nada.
Tan vano soy al buscar consuelo
en goles, traseros y gemidos de mujer.
Siempre nos visita la ilusión,
la convidamos a la mesa
a saborear los mejores platos.
Adorada y detestable dama
que al mentirme
inflamas de dicha mi corazón.
Nuestros vicios preferidos
son los del olvido.
Administramos a diario anestesia
a nuestros cuerpos enfermos.
Pero al que queremos dormir,
es al desconocido espíritu
que clama por paz y orgasmos sin fin.
¿Qué es lo que añoramos entonces?
No lo sabemos. Nuestras certezas,
son como luciérnagas en extinción,
se apagan tan pronto creemos tenerlas.
Nos desdecimos todo el tiempo de lo dicho.
Queremos comprender
y tan pronto comprendemos
somos presa del aburrimiento.
Siempre entrampados, siempre indecisos.
Al centro de un infinito laberinto.
Esa es nuestra condición.
Sedientos de cosas sin importancia,
vacíos de cosas esenciales.
Al parecer hemos perdido dirección.
Todo lo que queda es apostar por una ruta,
y esta es la de salir sin salir
del laberinto.
Salida sin indicaciones
salida inmortal, inmune
a la costumbre de los gusanos.
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