viernes, 15 de junio de 2007

MOLINOS POÉTICOS

Para aquellos que creen en la belleza del misterio,
son estos versos llenos de asombro.

Andre Gide

Nuestros actos se unen a nosotros como su fulgor al fósforo;
nos dan nuestro esplendor, es cierto,
pero sólo desgastándonos.


RUEDA DE AGUA

Un espacio vital

Las especies flotaban para mí,
los perfumes dormían y a bocanadas
la sábana del viento los devoraba.
Todo hacia lo alto, todo subiendo.
Se buscaban estallidos,
desgranábanse los tibios seres,
jugueteando en la abertura aérea.
Balanceábanse serenos los robles,
cual ropajes tendidos al sol
sobre suspiros diminutos.

La cristalina agua, diamante transparente,
sombra de luz de los interiores,
fluía centelleante,
violando las morenas arenas.

El mundo se arrodillaba,
volvía sobre su regazo,
en silencio escudriñaba, turbulentas pataletas,
silencios, antifaces, acrobacias sin descripción,
sedientas raíces,
sepultándose en oscuridades nutricias.

Mientras allá en lo alto,el fantasmal
aliento roza las copas.
Aquí abajo, bien en lo profundo,
donde la vida pareciera no existir,
braman de líquida y absoluta luz las
cavidades sombrías.
Espacio vital, donde la muerte
es casi una Utopía.




Se tornan

Lloran las aguas,
en retirada ruedan los hombres
en sábanas de espuma,
¡Arena, vientos, tormenta líquida!
Que se torna más alta, mientras más traga.

Desde el fondo
donde la línea se hace niebla
el sol se torna reflejo en el agua.
Brillo tan intenso que desabita las mareas
y hechiza las medusas.

Grito desaforado que se torna mudo,
apasionado mar que vive del ruido de sus olas
y busca el silencio junto a las arenas.



Velero

Oh velero,
pareces hecho de niebla helada.

Te siento inmenso.

Un sueño crece al compás de las mareas
y mientras más te internas más me asombras.

¡Si pudieras mirarte como yo desde aquí!
Verías un frágil triángulo blanco, aleteando,
arrojado en fiera corriente azul.

Corriente tan extensa
que tocar no podrías
solo rozarías su borde tembloroso.

Y perdido en tu búsqueda
verías su grandeza.


Mar

Como alga que se mece conoces el mar.
¿No basta con sentir su fresco respiro,
con cantar a las estelas
que afloran para luego marchitarse?
Se puede conocer un lugar sin estar en el.
¿O acaso hay que ser mar para tocar su luz?


Norte

El silencio de tu cama sin agua, seca,
como peñasco que no conoce el mar
alimenta de sed al océano.

Abre mis ojos vaciándose el infinito
y se pierde, te pierdes
allá donde mis ojos no hallan
muriendo frente a un océano que no existe.

Se evapora el cuerpo
ya mis manos, son aire-agua, no se,
ya no se hunden, ni se suspenden
solo descorren el velo brumoso
de alados celestes y azules profundos
que lo único que hacen es aliarse.

Los pájaros otean,
en algo que no es ni el mar ni el cielo.

Se tornarán en translúcida marea,
que ignora los límites pero conoce la luz.


Sonata junto a Vivaldi

En la quietud de mi respiración
el corazón real habla,
como laguna reflejándolo todo.

A través del ventanal surge la luz,
luz de margaritas que tal vez
ya florecieron.

Vaivén de mi sangre,
habitado por alados resoplidos.
Sequedades distantes que aúllan
desde la oscuridad.

Has de tu cuerpo una malla de luz.
Abre la puerta y serás brisa tibia,
en rostro de niños.
Corta la flor y serás perfume,
en el pecho de una mujer
que muere de amor.

Ojos devoradores de luz,
anclados en visiones primaverales,
las mariposas alzan su vuelo
sobre la ondulosa cabellera de espigas,
para ustedes.

Mágico mundo, cristalino, inmóvil, furioso,
frenético, hechizo en mi piel.

Sí reloj de maravillas, si fuego recóndito,
que traspasas mi delicada envoltura para asirte a los cielos.

Sin resistencia me aferro a tus caprichos,
a tus gritos, arrastrándome,
en tus sacudidas tormentosas.

Me disparo como un halcón sobre tus nubosidades.
Me inmovilizo, en la inmóvil calidez de tu verano.
Me sepulto en tu fogosa tierra y beso
con mis labios tus humedades.

Ah sacudirse, abrir los corazones, saltando.
Viento gira sobre tus dominios, ahora follajes
junto con las aves, hierba junto con las flores,
junto a las abejas. Ya es hora de vivir.


Sin nombre

Mujer era,
la derramada en almas verdes
la desde follajes entregada.

Despierta con la bruma
para buscar miel desde las ramas.

De sueños en capullos era la criatura
que mecía a la noche anclada.

En perfumes la mujer llegaba a los pies del día
para alcanzar con flores tibias
el lienzo de los hombres.

De tacto penetrante es su transparente
mano revelada en colores.

Yaces en frescura detenida
giras, juegas en aleteos verdes
galopas y arremetes en alas
de plumaje azulado, en mares
donde el resplandor son tus olas.



Advertencia

Ya basta de arrojar
nuestros males
al lugar de origen.

Terminemos de buscar ,
de probar por capricho.

Ya no justifiquemos
nuestros hechos
con la ignorancia.

No desquitemos nuestra suciedad
en la limpieza de otros.

Permitamos que otro
ocupe el que fue nuestro vientre.
En sacrificio, puro lo ofrendaremos.

Descubramos el devenir
en nuestros pechos
aquietados en la fortaleza de la lucha.

Para que no llegue el día
en que traguemos
lo que hemos vomitado.

El día en que los dulces frutos
ya no estarán para nosotros.

En que las cavidades
de la madre viajera
estarán prohibidas para el hombre.

Prohibidas por la ausencia de Vida.



El germinar de un nuevo día

Las arenas del desierto
daban a la noche
un matiz de rojo carmín.
La inmensidad silenciosa
señalaba el umbral.
Invisible semillero ardiente,
delatando en colores
a un pulpo cósmico.

En el horizonte,
la moneda se deshace
en el pulso
de mil pájaros al viento.
El sol de arena
libera su progenie
en un llanto de alegría.

En la curvatura la leche negra
enlazaba a los cristales
en sustento de media luz.
Para ser en el pleno cielo,
olas, en un mar de aguas blancas.

Bullentes vómitos, arremetidas, saltos,
egoísmos, fuerzas compartidas,
nutrían al gran caracol,
explorador de interiores,
buceador y minero en cloroplastos,
catedrales, cimas y abismos,
habitante en trigales suspirando,
en lunas de plateado llanto humano,
en centelleante mariposa líquida
habitada por soles,
en bolas de nevada voz,
en vetas de vida
que gritan desde dentro
su próximo encuentro.

En arañas de sabio acero
que buscan tejiendo
desde la pulpa del alma
el cascarón del universo.

Casa invisible
que se deja habitar y descubrir
por miradas invisibles.

Enérgico destino atesorado
en la telúrica maraña de vida.



Una flecha verde

Gran extensión posees
tierra de árboles heridos,
boca que se sirve al borde de la noche
ráfagas de estrellas heladas,
caballo en que los ríos
australes se estremecen,
fresca espalda donde el océano duerme,
costado vertebral
de la América invadida.

Tú la de superficie fina
hecha para oscuros cielos,
te surcan colosos de acero
que conducen hombres
a tu corazón de crespos verdes
a tu herida que derrama
miel de soledades.

Aves de claro contorno
beben en tus lluvias
el grano de la vida.
Pliegues ocultos de una anciana juvenil
son tus recovecos que apagan
Apocalipsis. Lejanas nostalgias,
cinturones frutales, conforman
tus fragantes torres
que brillan para seres oceánicos.

Hay algunos que han sentido dolor
dentro de la flecha verde
y hay otros como yo
que la han contemplado en deleites
y hablado de ella.

Quisiera escuchar la poesía
de los que han luchado
alegremente dentro de la flecha.

Los musgos de mi oído
desean acoger las lanzas
de tu arco verde.



Misterio

Trazos de color circundan
las fosforescencias Universales
las entrelazan, las arrojan
al tiempo de rítmico andar.

Es la forma revelada,
melodía transfigurada en cada nota.

Es el canto de los pórticos,
de las siluetas modeladas
en la cera de los sueños.

Es piedra que se hace
preciosa en el azar, misteriosa
en el juego de los trazos.

Es el alma vasta del hombre
como sendero eterno entre la selva,
la que grita desde las orillas
de la vida y de la muerte.

Es peñasco oscuro, invadiendo
a la boca clara que lo engulle.

Es la noche que respira en lo volátil,
subterráneo, acuático y místico
de la línea iluminada en cada luna.

Alcémonos, contemplemos
el lenguaje de los ritmos.

Adéntrate dolido corazón, ingresa
déjate acoger en los espacios vacíos,
descubre junto al trazo infinito de lo viviente
los mensajes de la vastitud invisible.

Abandona la mera apariencia
conversa con el paisaje
de las cavernas.



Fragmentos

1

La atmósfera cargada de calor
arrastraba consigo
el aliento vaporoso y polvoriento de los hombres.
El varón rojo, afianzaba su carácter
en el himen terráqueo.

2

Dejadme cubrir de hojas
a la especie anidada
en el corazón de un cuervo negro.
Abrir los espejos
de un mediodía afligido, romper sus extremos
y balancearlo en el galope de gacelas
sobre follajes de escarcha.

3

Un mago sin alas, volaba
deshilachando sus dientes blancos
sobre el vasto pintor sin ojos.

Lienzo sin pincel, que traza en gratuidad
para mares egoístas,
oro que no se da en la tierra
en manos de barro infinito.

Admiración ante tan pura
y hábil destreza.

4

Verde amapola
entre brazos azules,
de un sol que no se cierra
de una luna que no perece.

Suspiros estrellados
harán nacer entre la noche
tu pecho frágil.

5

Los castaños se mecían
en la habitación del día, flotaban.
Ensueños penetraban
el fruto olvidado,
era el devenir en la calle de los hombres.



Escenario

Horizontes se abren ante mi y desde mi,
algunos bosques de extremada espesura,
otros de liviandad divina y muchos que
comprendo y no puedo ver.

Del tremendo océano,
atrapo en las rocas de mi sien
retoño líquido y perfumado que hago mío,
en burbuja que refleja y multiplica
las imágenes del camino que recorro.

Del rugir de los mares,
emerge el primogénito
para fundirse en su madre
que lo expulso por su garganta
al paisaje inmodificable
de modificación eterna.

Desde mil quebradas
se alzan mil lienzos
hacia la cumbre que los anudará.

En el abismo sin apoyo,
empiezo a entrelazar
la tela constructora,
las hebras de seda, hasta fortalecer
el lienzo que encumbrará mi riachuelo
en océano libertado.

Dejo que mis pies se nutran a la interperie,
que se humedezcan, que se quemen, que se fuercen,
que se corten, hasta lograr fertilidad.

Siendo labrada mi tierra seca
por los caminos que mis pies alcanzan,
convirtiendo la estrechez que ahoga
en amplitud que oxigena y libera.



Sin título

Miro en mis ojos
perdiéndome en ellos,
ocultándose el sol
tras la noche del negro profundo.

La oscuridad enceguece
y empapa al mar sin fondo.

El gran valle ceguero
abre sus raíces, buscando
la savia en mis ojos,
las raíces tocan el fondo
del gran habitáculo y de mis ojos
la savia es arrebatada.
La vastitud infinita debe nutrir
para ser nutrida.
De savia me convierto en raíz,
el gran valle da de comer a mis ojos,
invitando a la noche del negro profundo
ocultarse tras el ardiente sol en flor,
en flor de un solo jardín.



Mesías

Las sombras novias del agua,
templaban los centauros de fuego.

Un prismático triángulo hendía las alturas,
azules acróbatas de dorados bordes
creadores de silbidos, cantaban sombras,
destruyendo soles.

En las soledades del viento
un ángel herido de rojo tinte,
cual meteoro arrojó su cola
al país de los centauros.

Allí yaces herido, curandero errabundo
en el puente de las detenidas soledades.

Tu negra sangre es la noche en los centauros,
eres signo de llanto, sacrificio.

Fuiste sobre el pecho de aquel niño,
rodador de pendientes, oro negro
como petróleo sobre polos olvidados.

La muerte coronó de huracanes tu alado cuerpo.
Tu dolor marcó en estigma de fuego la frente del lobo.

Ahora los hombres mirarían los cielos,
la piel de los hombres se encontraba
en las alturas.

Tus lluvias son llanto en los centauros.



Locura Mental

De una ojeada al timonel,
la gaviota de mi universo
surca el espinazo del firmamento,
sobre sus alas,
burbujas entran en estallido fugaz
y se echan a reír
sobre la lengua de espuma blanca y vendaval.

Doncellas de arcilla y roca
remojan sus piececillos
en el cielo azul y frío,
ojos de onda luminosa
fisuran el átomo del cristal líquido,
monasterios de coral surgen,
pulmones ascienden al absoluto círculo estelar
y manos branquiales intentan rozar el centro
del espejismo errante.

Sin saber como, desde mi cárcel
en libertad jugueteo con las fragancias
y las transformo en visiones cósmicas,
en payaso de hielo, en golondrina de agua,
en delfín colorado de cabellera ondulada
y en senos de chuño bañados de blanco.
Estornudos terráqueos
emergen de mi neurona impenetrable,
espasmos de energía se hacen sentir,
reacciones de rojo pulso volcánico,
de escalofríos subterráneos,
ecos cavernarios, gritos metálicos,
cataclismos de arterias de tierra y mar,
oxígeno descontrolado, trompos avasalladores,
guerreros de carne roja y azabache,
suspiros de truenos y relámpagos
de gran estruendo,
rinocerontes de cromo alado,
tiburones con cuernos de buey,
avispas con ojos de jirafa y trompas de hormiguero,
colibríes de busto corcelado
y colas trepadoras.

Látigos en forma de fogones,
deambulan y vagan como cenizas
de residuos esqueléticos
sobre el corazón del universo,
como vivientes criaturas de chispeante inquietud
que corren en tropeles por un mundo sin centro,
en un vientre de presencia omnisciente
sumido en un sueño profundo sin amanecer.

Vasijas de leche se derraman sobre la Vía Láctea,
tornándose en remolino frenético,
en bailarín espacial, en pasos
de rítmicas novas y supernovas, en elefantes,
que lacean con sus trompas la energía galáctica,
haciéndola germinar y propagar
a través del espejo con ojos reflejados.

Mi mirada se plasma con la bóveda sin fronteras,
del celeste oxigenado en soledad constante
emerge un mármol aguilado, estático,
de carácter total, de presencia universal,
que estalla en segundos y se desploma
como un muro a través de la luz.

Penetra mi cráneo y enciende mi lámpara de luz,
para anunciar con su resplandor y canto,
el nuevo peregrinar hacia el valle fértil,
el valle de los aguaceros, de los destellos de luz,
de la naturaleza, del universo,
y de aquel ser más grande que el propio universo
que lo contiene entre sus manos, el hombre.



Azul

He visto un árbol parecido al océano.
Amplio y azul, era un árbol amplio y azul.
Era como una gruta alimentada
por vientos de todas las regiones.
Gruta musgosa, verde, verde gruta.
Oscura, pero de una oscuridad brillosa,
líquida, transparente.

He visto su gran sombra en rebelión contra el sol,
cubriendo las mortales materias.
Es un árbol infinito con el cual he soñado.

Entre sus hojas habita el espíritu de las aguas.
Como en el caracol, el mar no se ve pero se escucha.

Azul, árbol azul, contigo vuelo solitario
a mundos perdidos, jamás imaginados.
Alturas, frescas alturas, alivio, puro alivio.
Azul como el cielo, azul como el mar,
te respiro, azul te respiro.

He visto un árbol parecido al océano.
Amplio y azul, era un árbol amplio y azul.



Improvisación

Camino al monasterio blanco, la ciudad plateaba de lagunas rutilantes, en ellas como espejo desgranado los senderos se multiplican, en los verdes y azules del gran valle. El nácar de las nubes, era una abeja metálica, buscando el perfume de una flor perdida. En oleadas sinfónicas, los danzarines caían con el viento, pincelando el cielo célico y adorable, para anclar en los tejados pulidos por el sueño. El sol , pestañeaba con suavidad, a través de los candiles flotantes. La brisa del norte, derramaba su fragancia de naranja en el vientre habitado.


Corona Silvestre

En lo alto, una blanca luna flotaba. Haces de luz tornaban tibia la oscuridad. El tiempo de las hojas finalizaba, aparecía la escarcha. Pálida a la distancia la hierva semejaba empolvada de polen. Cual guadaña, los cielos escindían la claridad de los suplicantes astros. El invierno anidaba en silencio al borde de las aguas. Una atmósfera extraña poseía aquel lugar, algo despertaría pronto, afloraría una revelación.

Los caminos se extendían mudos en la engarzada tierra. Una antigua línea férrea atravesaba el pueblo, sus costados eran lugar de robles apilados.

A pesar de tener cuatro habitantes se respiraba abandono, eran invasores, parecían ermitaños en suelos desconocidos. Cada mañana como un acto obligatorio ponían atención en las nubes, inconscientemente buscaban el día más hermoso para destruir, sin duda estaban hechizados.

Confundidos en la noche dos de los hombres se erguían frente a un mesón, iluminados con una linterna trabajaban afanosamente. La escena traía a la memoria el Quijote, el más viejo era un Sancho regordete mientras que el joven fuerte era un señor de la Mancha, fino como un pistilo. Sin embargo, espiritualmente distaban mucho de ser los verdaderos.

En el centro sobre la cubierta de madera, un varón rojo de compactos miembros ventilaba su dentadura metálica. Entorno a él desparramados se encontraban ramilletes de cuchillos, hachas, pares de guante, grasa y aceite. Esmerados lubricaban, cambiando tuercas, cargando combustible, reemplazando las dentaduras del varón rojo, se alistaban para quebrantar los ritmos.

Al fondo del terreno cercado una cabaña guarecía al resto de los hombres. Dos viejos moribundos cargando el peso de las primaveras, esperaban apagar sus voces en el ojo vivísimo del amanecer. A la distancia la montaña azulada, escondía a la asesinada noche del emperador de la luz naciente. Un grandioso silencio de atemorizados bosques surgía de las profundidades verdes, los dos hombres habían muerto. Ya las alturas se prendían de la tierra cual anillo dorado, ahora solo habían dos miradas en la desolada tierra. La muerte de sus compañeros les conducía cabisbajos por la empedrada ruta. Un remolino de espantos sacudía sus almas mudas, deseaban desprenderse de sus cuerpos, cerrar los sentidos para amar al hechizo y flotar en la nada.

Sus mentes eran presa de una contradicción que los mantenía encajonados, apagaban su maldad en el sonido de las sierras y desintegraban en los parajes sus horizontes. En sus frentes oscuras se leía el hechizo. Hacer sufrir al mundo que los mantenía vivos, detestando la muerte.

Encendieron las sierras, un eco patético resonó en la maraña, los dos hombres se plantaron frente a los enraizados robles, calentaron las sierras, las hicieron patinar en el aire fresco, hincándolas en las entrañas arbóreas.

Suspiraron al ver sepultado el silencio, al ver aplacados los acordes de los cuales eran una nota, un trance los cegaba, acallaban al mundo y como leones devoraban a su presa. Se saciaban no de los árboles sino de quién los silenciaba, el sonido, el estruendoso y fatídico sonido de las sierras.

Excavando cual roedores chirriaban sobre los vegetales, violando cortezas, amputando fibras, tejidos. No en busca de los sistemas como hacia Leonardo sino tras el hallazgo de la más absoluta neutralidad, anulando los ritmos, constituyendo el reino de los extremos. Iban en son del blanco, del no existir.

A medida que el sonido aumentaba iban entrando en un estado de embotamiento de sonambulismo, ya ni siquiera tenían conciencia de lo que ejecutaban, ellos no estaban, desaparecían los murmullos del agua, los crepúsculos, no habían direcciones, el universo se desplomaba. Los únicos cauteladores estaban atados, imperaba sólo lo creado por ellos, estaban muy lejos de todo.

Sentían que la dinámica del mundo en que estaban no les pertenecía. Se daba paso a la oscuridad, al retorno desde el templo de los quebrantamientos, cesaban de horadar las sierras, aparecía lo vasto, el parásito de la confusión ingresaba en los hombres, detestaban la inmensidad, se despojaban de sus matices internos para vagar en la claridad del vacío. La esfera terráquea ya no era un animal.

Pero aquí fuera, fuera y dentro de los hombres los ritmos continuaban, grillos, nubes, mares, espigas, proseguían componiendo poemas aunque los hombres no los leyeran. Los pujantes suelos gritaban mas nada de ellos era escuchado por los frágiles seres. Ellos trabajaban sobre fórmulas erradas, no conocían los ritmos, se tenían miedo.

Como binarias se descolgaban del fatal aislamiento, dejaban en paz a los heridos robles descendiendo por la ruta consabida hacia la cabaña. Esta invadida por un extraño silencio todavía contenía los cadáveres, tal era el vicio por un mundo diferente que ni siquiera se les dio sepultura.

Ingresaron a la cabaña por el umbral iluminado, dispusieron sobre una mesa vasos y una botella de vino, cruzaron algunas frases sueltas y en sus sillas se durmieron.

Cual soldado atemorizado dormían nerviosamente antes del enfrentamiento. Para ellos el estar en el mundo, el sentirse en él era un conflicto, una guerra contra si mismos. Una pesadilla los perturbaba, veían que sus vísceras los abandonaban, que el mundo no tenía sustento, que las avenidas de sus sentidos se cerraban, que los colores, olores y formas no existían, sentían que un duende huía junto con sus almas hacia las tinieblas.

Siempre habían vivido en función del engaño resultante de sus actos. Ahora la noche no era silenciosa, abatida sacudía sus miembros, furiosa, impotente, llena de amor frente a los hombres. Parecía como si un gigante arrojara todas las formas a un pequeño e infinito agujero. Así rodaba la noche fugitiva, superponiendo sus bellos dolores antes de esfumarse a través de los filtros, de los puentes hacia la muerte que eran ellos. Compartían los ritmos atormentados frente a los cambios de lo que perece, por primera vez vivían en el mundo.

Despertaron, estaban dispuestos a escuchar no a las sierras sino a los parajes, pero estos no dejaban de gritar, abrían sus poros liberando a bocanadas energía, giraban los vientos recogiendo a su paso metrópolis dando la impresión de un enjambre zumbante, los elementos perdían sus ligazones, mientras las entrañas de los hombres eran el escenario de la tragedia. La naturaleza no quería que la música acabara.

Nunca los dos hombres ignorantes de la dinámica de sus violines, habían comprendido el hálito que movía a la melodía eterna. Ahora, desde sus torres, despiertos pero débiles vislumbraban que sus espíritus serían un silencio en la eternidad, no tenían nada que decir, habían cortado las cuerdas de sus instrumentos.

Eran grandiosos, sí, eran consecuencia de un pasado abismante y causa de un futuro interminable, pero no habían habitado en la tierra, sino por el contrario habían perecido en un silencio sin alma.

Amanecía, con gran esfuerzo se desprendían de sus diabólicas rémoras, buscaban la flexibilidad del pájaro en el viento, el cabalgar de los ríos en los parajes, perseguían el cóncavo y el convexo en las montañas y depresiones, eran altura, receptáculo y penetración. Felices llenos de dolor sobre un lomo herido se conducían hacia la muerte, ya pronto sus mudables ropajes caerían, eran alimento en los ritmos, en la eternidad del tiempo vivirían para siempre.

Por el derrotero que ya llegaba a su fin, iban en son de la señal, del signo de los tiempos, se alzaron cual banderas y aletearon hacia el océano.

Al borde de aquel entre la hierba, una segunda lumbrera proyectaba destellos, allá arriba el sol tenue era lámpara de noches. Descendieron en la tupida hierba besando con sus pies la lumbrera, tal era el colorido de aquel nido silvestre que se confundía con un astro. Se acercaron, curvaron sus cuerpos y contemplaron al solitario pajarillo, su pecho plateado iluminaba el cielo, el pico se dirigía hacia el océano marcando el horizonte. Vibraban el pájaro y las aguas, se tornaban en imágenes de un cuadro impresionista, todo giraba en torno al pájaro muerto, como un verde follaje abrazaba al mundo.

Algo hermoso había en aquello, las semillas no habían secado junto a su cuerpo, las había ofrendado como señal, como ruta. Una pompa funeraria reía en las alturas, eran los pájaros sabían que había nacido para vivir y muerto para dar vida.

Era curioso, los hombres habían logrado anular un bosque entero no así al pequeño pájaro que los llenaba con su silencio. Era un representante en el fin de los tiempos, el último recurso. Junto a él, ambos descubrían que la soledad no existía, que el estar sólo no era mas que un instrumento para lograr la unidad, la soledad en los hombres era una deformación no veían a su acompañante ¡que sola estaría!, mas ella cual un gigante le gritaba al enano que despertara, pero no lo conseguía.

Los hombres se esfumaban frente al océano, tenues como la neblina recogían la verdad y se retiraban. Como los parajes ahora cantarían para los hombres, pero siendo ya tarde no poseían voz.

Al borde de la nave errante no asomaba visitante alguno, “la luna no existía”. El pájaro y las aguas son anuncio de un destino posible.

Por eso hombre, mira temprano hacia las aguas, ¡mírate!. Temblará tu cuerpo ante tanta maravilla.

COMUNIÓN DEL AIRE

Tu reino

Llegar hasta el fin sin desfallecer.
Disparando el cuerpo entre la selva, claro, colosal.
Barnizando el crisol hasta agotar fuerzas.
Y lo inmenso brotará de ti, rey desterrado que sueña.
Solo así harás tu reino, solo así.
Y extiéndelo sin vanidad, para una vez habitado,
no existan becerros de oro ni serpientes tentadoras.
Y solo faltará la voluntad para mantenerlo erguido,
visible desde la lejanía.
Y cuando los derroteros estén por morir,
verás emocionado la mar embravecida pariendo el futuro.
Siendo este tu tiempo crucial, el de potrillo de crines rojas
entre amapolas ilusorias.
En fin, el de una criatura hecha de sangre que no desborda.
Siendo tu el único que cruza cualquier torrente.



Pionero de lo perdido

El control de los imperios,
tal vez sea cosa absurda.
Bajo el dominio de tus manos,
se congelan los impulsos, los tanteos,
los mágicos imperios sin poder.
El mundo te acoge, las cosas están ahí.
Tú y las cosas siendo crisoles
en una sensación exquisita.

Improvisa en la jugarreta,
piérdete, aventura quién sabe adonde,
dormita, no abras mucho los ojos,
embriágate en las pulsaciones de tus contactos.

No pongas en tus búsquedas mucho afán,
suelta las amarras, desintégrate
en fugaces y perpetuas luminiscencias.
No sustentes tus mil facetas
en el diamante apetecido que aprisiona las leyes.
No estés siempre, muy despierto allá afuera,
porque el dinosaurio de tus profundas aguas,
tal vez ascienda, en el epitafio de las edades.

Recoge tus voluntades y los azares
y sopla con nuevos vientos,
con puros aromas,
recogidos en la risa y el lamento,
el impulso del cambio y la resignación.
Se como un niño, ser caprichoso y sensual.




Reflexión

Fijo mis pensamientos en el tiempo,
como la fantasmal agua vibra en la fuente,
como el huesudo y tibio pájaro,
que humedece su pico con el sudor de la tierra.

Millares de pulsaciones, que no tienen otro puerto
que no sea el del silencio, se pliegan y despliegan,
en los poros del tiempo.

En la fugacidad de mis pasos,
vive el fugaz trueno,
el rápido vuelo del gorrión,
los rostros de una micro,
dirigidos hacia todos o ningún destino.

Permanencia de luces y sombras,
riel vertical,
derrotero de mi visita pasajera,
abertura egoísta, sabia y fugaz,
como parpadeo de mi ojo
con sed de infinito.

Corteza firme,
anillos concéntricos, frescor,
suspiro profundo
habitando entre cielo y tierra.

En un torrente, miles de gotas se unen en un segundo.
Lo que en la tormenta de lo oculto,
encontraste separado,
deberás unir en la hoguera.

Metáfora que en un segundo,
pretende ser poseedora,
de lo inalcanzable,
del abismo oscuro y apasionante
a los pies de su frontera fatal.

Si posees el infinito en tu cuerpo,
no desperdicies tu oportunidad,
no rehuyas del cacareo del gallo,
fluye, déjate llevar a través del continuo
indivisible de variedad ilimitada.

Somos como un rayo repentino,
en medio del resplandor de la vida.
Hagamos de nuestra vida una luz,
dentro de la luz.
Pequeña luz encarcelada en sus límites,
pero Intensa.



Nacer y morir

Se renuevan las mareas a cada instante,
se ahondan los surcos, se afianzan los espíritus
de crudas realidades, se adecuan las voluntades
a lo insoportable, se alzan límpidas conciencias
en medio del lodo.

Para morir acribillado en la calle a mediodía,
renaciendo al siguiente. Renacer, esa es la clave,
quien nace más veces se hace más fuerte.



Felicidad

Acaso creen en la existencia
de una máquina que produzca felicidad.

En cuanto dejen de pensar en ella serán felices.

El deseo y la necesidad son la maldita máquina
de la felicidad que nos ahoga.

¿Desearías ver una puesta de sol?,
tal vez con 50 puestas de sol se te iría el deseo.
Y serías feliz, solo con una, después de mucho tiempo.


Manos

Valle de pliegues milenarios
Capullos de aroma y eternidad
Delicadas alas de mármol, galopantes
Mantel de diamantes, cegadores de resplandor
Húmedo y fértil bosque de cipreses
Nutridas gubias, de esculturas eternamente acariciadas
Esferas de terráquea luz,
Labradas por mil tormentos y esperanzas
Hijas de Guayasamín, el pintor
Archipiélagos al aire con pies de losa
Huellas de la pureza y putrefacción humanas
Nazcas de sol replicadas en mil vidas
Madres del cultivar y construir
Mariposas inquietas sobre jardines de plata
Camaleón universal de la materia.



Pequeña muerte

He despertado de una pequeña muerte, una de tantas.
El profundo sueño como la región de los muertos.
Laboratorio de la conciencia, borroso espejo del miedo,
pasillo sin tiempo. Contrapunto de la vigilia,
pausa del gran movimiento. Brumoso y llameante
como tierra de dragones.

La muerte no existe, sin un despertar no existe.
Antes del nacimiento ni vida, ni muerte,
ni este poema, ni otro. El universo gira.



Nuestro mundo

La vida es sueño nos dijo Calderón, lo que es cierto. La vida está hecha de nada. Y tan insustancial es, que se deshace en un instante.

Nuestras categorías, nuestras clasificaciones nos hacen incapaces de morir. Y en la gran incógnita es tanto lo que se muere, que lo único que nos pertenece es el presente. Creemos que el sistema es la mayor realidad, la más concreta, la más sagrada. Dimos vida a una máquina de retención a una cabina productora de control. De control desesperado y aterrorizado. Hemos ordenado el mundo con el miedo y nuestro miedo divide y nuestras divisiones ponen etiqueta y nuestras etiquetas generan prejuicio y nuestros prejuicios nos aferran a verdades ciegas, a falsos becerros de oro que nos dicen que el mundo es una posesión que no se puede soltar. Que nos hablan de sobreabundancia, de placer, de eternidad, de autoridad, ¡Autoridad!. Cuando la única autoridad es la muerte.

Esta visión yace en la contemplación de lo que ocurre, del todo que se manifiesta en el ahora. Contemplando se pueden morir todas las muertes, develando el valor de x.



El cautivo

Llevo meses bajo estas cuatro paredes,
sin siquiera acercarme a la puerta
a ver la claridad.
Ardiendo de deseo, aspirando eternidad.
Dilema de mi ser huracanado
en un milímetro de carne.
Se que no puedo, que no pueden escapar
de esta paradoja habitación.
La depravación y la caridad
están en nosotros,
mis hermanos desesperados.
Mi vida será breve como la de todo ser,
y habré vivido atado, habré sido
mi enemigo, mis sucios pensamientos,
mi amada madre, el hambre de un niño.
Si en la tierra matara
estas naturalezas
sería visto como de otro mundo.
Se y sabemos
del tibio vivir que practicamos.
Enjaulados entre posesiones
y vanidades estúpidas.
Buscando obsecados dentro y fuera
sabiendo que no hallaremos.
Arrastrados por fiebres
de carne y espíritu.
Arrojados impotentes
frente al misterio de la nada.
Tan vano soy al buscar consuelo
en goles, traseros y gemidos de mujer.
Siempre nos visita la ilusión,
la convidamos a la mesa
a saborear los mejores platos.
Adorada y detestable dama
que al mentirme
inflamas de dicha mi corazón.
Nuestros vicios preferidos
son los del olvido.
Administramos a diario anestesia
a nuestros cuerpos enfermos.
Pero al que queremos dormir,
es al desconocido espíritu
que clama por paz y orgasmos sin fin.
¿Qué es lo que añoramos entonces?
No lo sabemos. Nuestras certezas,
son como luciérnagas en extinción,
se apagan tan pronto creemos tenerlas.
Nos desdecimos todo el tiempo de lo dicho.
Queremos comprender
y tan pronto comprendemos
somos presa del aburrimiento.
Siempre entrampados, siempre indecisos.
Al centro de un infinito laberinto.
Esa es nuestra condición.
Sedientos de cosas sin importancia,
vacíos de cosas esenciales.
Al parecer hemos perdido dirección.
Todo lo que queda es apostar por una ruta,
y esta es la de salir sin salir
del laberinto.
Salida sin indicaciones
salida inmortal, inmune
a la costumbre de los gusanos.

MOLINO ROTO

Miremos hacia dentro

Sientes el silbido distante,
ese que emana de la nuca de tu espíritu,
el que va al encuentro, de tu aparente
reloj sin falla.

El tiempo es la ruta,
de tu búsqueda inútil,
no hagas girar tu centro nebuloso,
mas allá de tu mirar.

No olvides que en el límpido cielo,
el halcón de Jensen,
se atornilla al viento,
como la agonía al corazón.

Vamos al parque, allí el murmullo
no se siente.
Un día el rayo fulminó los cielos,
se apagó la tormenta
y reverdeció el prado,
acompañado del zorzal.



Un grito para un hombre

Tú que dices ser digno porque sufres
eres la misma estupidez,
el carcelero de almas,
el grito de un miserable deseo reprimido,
el silencio de la falsa libertad.

Tú el que vive hambriento de dicha
y sin embargo se alimenta de lo mas detestable.
Burlándose tristemente de los demás
por considerarlos débiles ante sus sueños de poder.

Convirtiéndote en una perla opaca,
infestada por el virus de la porfía.

Quien llora por sus apetitos
terminará llorando en sus vicios.
Destruyendo banquetes sobre una mesa verde.


Algodones de tierra negra

Rítmicas voces
van marcando tus edades
de venado entre garras.

Tus iglesias
donde las manos negras
fueron cortadas.

Suave pantera de las nieves
entre llamaradas blancas.

Azúcares son tus silbidos
que me hicieron escuchar
tu negra poesía.

Festivos tambores
tocados por espadas extrañas,
decoraban tu felina figura.

Cosechas solares
de luces prohibidas
alimentaban galaxias con migajas.

Perfumes distantes
de ciruelos florecidos
rodeaban tus pies
de inalcanzables
abismos usurpadores.

Es día de mariposas,
de búfalos al borde de la ira,
internados en ríos
de lágrimas de piedra.

Hermano de las nubes
símbolo de pieles,
fibras de caparazones
de crueles néctares rojos,batalla
de una gran contradicción.

Oscura sangre, que se bate
entre la blanca guadaña humana
y el hermano de las nubes.

Estigma del dolor y lucha por la vida.
Noche purificada entre malvados días.


Mi llanto quiere hablar

Mas allá de la fuerza está el hombre.
Mas allá de toda doctrina está el hombre.
Mas allá de la belleza está el hombre.
Mas allá del éxito está el hombre.
Mas allá del privilegio está el hombre.
Mas allá de la riqueza está el hombre.
Mas allá de las revoluciones está el hombre.
Mas allá de todas las verdades está el hombre.
Mas allá de la competencia está el hombre.
Mas allá de todo encanto está el hombre.
Mas allá de lo que digan está el hombre.
Mas allá de los santos y tiranos está el hombre.
Mas allá del saber está el hombre.
Mas allá de todo arte está el hombre.
Mas allá del horizonte está el hombre.
Mas allá del infinito está el hombre.
Mas allá de la máscara está el hombre.
Mas allá de la cosa mas cercana está el hombre.
Mas allá de toda genialidad está el hombre.
Mas allá de todo poder está el hombre.
Mas allá de la vanidad está el hombre.
Mas allá de toda ideología está el hombre.
Mas allá del hombre, estoy yo,
mas allá de mí, está un corazón hueco,
mas allá del hueco, está un silencio,
mas allá del silencio,
está un mundo bullicioso y arremolinado,
mas allá del remolino,
el molino que muele,
que recome
que corre
que gira
que vuelve, que se va
que desaparece.
que
que
que
que .....no pertenezco........



Cero Periódico

Un plano que cae a plomo
sobre espíritus chatos.

Las iguanas se agazaparon hastiadas
de nuevo en el casi cíclico.

El sol está a un micrón
de la piel rugosa y seca.

Se pierden los contrastes
y los corazones se hacen chicle en el cemento.

Reina una tabla con clavos oxidados
con la gravedad de Júpiter.



Sr Inflado

Caminas pesado
en busca de presas,
hay huecos que llenar, siempre huecos.

Porque no paras obeso mundo de crecer.
Ya no quedan espacios
todo es estrecho, incómodo, asfixiante.
Para que comes tanto, ¿para vivir?
La verdad es que esto no te gusta.
Te haces un cerdo para satisfacer
tu mente que es como reflujo de úlceras.

Que molesto , ya nada te queda,
ya no entras, no respiras, no agradas ¿Qué buscas?
Nadie lo sabe.
Veo que comes de todas cosas, pero no sirve,
tu digestión es nociva, fría, mortal.
Lleno de nada estas, Parásito infinito, Obrero de la muerte,
Lapa repugnante, Mister Yankiflado, Pesadilla de hombres.


Amnesia

Un cable de alta tensión
separa nuestros cuerpos.

Mis sentidos ven con torpeza
a través de la corriente nerviosa.

Féminas fantasmas caminan intocables
por un borroso mundo desconocido para mi.

He cruzado la barrera de energía
siento cerca la epidermis tibia de ellas.

Me paralizo ante el opuesto signo
y los enlaces se cortan por temor
al negativo juicio final de la mujer.

Necesito de un enlace
pero mi piel tiene amnesia de voltaje.



Morir

Se que moriré
que nada de esto existirá
que seré borrado como niebla por el viento.

Se que el silencio levantará soberanía
que el recuerdo lo seguirá
que el olvido cerradura eterna le pondrá.




Balada del hombre corriente

Gris, siempre gris. Corriente como la marraqueta,
corriente, corre y ríe complacido. Su apellido
es monotonía, su edad, un solo día. Siempre igual,
siempre igual. La misma acera, camina siempre
por la misma acera, cansado, cansado de repetir lo mismo.
Permaneciendo inmortal en lo mismo, todopoderoso y
divino en lo mismo. Pero esta perfección absurda,
inalterable, lo hace llorar de anonimato, llorar, llorar
de jefes, de boletas, boletas asquerosas, boletas arrugadas.

¡Despertar!, ya no quiere despertar, quiere blanquearse,
encandilarse bajo el sol de un día muerto.
Olvidarse, olvidar ¡QUE!, si hasta sus sueños son iguales.

Su alma es consecuencia. Es resultado de sistemas, cuentas,
despensas, bodegas, bodegas llenas de ilusión, llenas de
desesperación, de ídolos, de malditos ídolos sustitutos.
Quiere un nuevo día, pero nunca lo ve. Sabe que es un hijo
sustituto, en un día sustituto con un cielo sustituto.
Penetrando vaginas sustitutas, rojas, rojas vaginas
sustitutas. Violando a la sustituta nada.

Domina ¡NADA!, controla ¡NADA!, goza ¡NADA!, siente ¡NADA! ¡NADA! ¡NADA!

Lo ves. Gris, siempre gris. Corriente como la marraqueta,
corriente, corre y ríe complacido.



Made in U. S. A

Queridos, adorados y detestables yanquis.
Hijos del Dios de la compraventa.
Fábrica de burbujas, de sueños recocidos
en neuronal aceite añejo.
Brillas desde lejos U. S. A desgastada,
cultura gaseosa, comprimida de arrogancia.

El maquillaje de chica rock-pop te ilumina,
mamarracho intestinal recubierto de diamantes.
Iluso yanqui, fanqui, panqui, Iluso, Iluso.
Por internet corren tus eruptos porqui goloso,
rimbombante, multinacional.

U. S. A, tu fisonomía es excesiva, grosera.
Pero no te importa, a todos engañas con tus morfogénesis digitales, numéricas, capitales, tus ideas capitales, capitales, tus pecados capitales, capital del mundo, capital del hombre. Despiadada interventora, tan despiadada que hasta tus cielos se quemaron. Tu rostro, Dios Perfecto de la tierra, se ganó una bofetada y ahora golpeado te sientes icono mesiánico, vestido de túnica profética.

U. S. A, sales con la buena nueva a reventar abdómenes de niños raquíticos, raquíticos de tu masturbadora mediocridad, de tus falsos estudios y planetas. Halcón vestido de paloma, ahora quieres dar muerte a tus propios hijos malvados, malvados igual que tú.

Queridos, adorados y detestables yanquis. Somos despensa cómplice de tus abominables apetitos. Culinario patio trasero en bruto, embrutecido, envuelto en recompensas
comestibles, anestésicas, yanquistes, en tumores, en porciones de muerte, de éxito, de pop, de todo, de nada, de nada. U. S. A. taoísta, sagrada. Meca del orgasmo, del órgano, del falo erecto, como tus caídas atalayas.



Bajo la piel

Hay una serpiente dentro de mí
ayer la descubrí,
la sentí moverse bajo mi piel.
Todos llevamos una dentro
pero el peso del prejuicio
la paraliza, la contrae y la duerme.

Ahora tengo que adiestrarte,
más bien adiestrarme
en el oficio de arrastrarte,
de arrastrarme.
Tengo que sacarte, que salir
de esta acequia maloliente,
de este estúpido
y perverso rollo mental.

Memoria de boa. Actos de pitón.
Engullendo ideas, ideas narcisistas,
ideas, ideas, narcisistas ideas.
Tragando la conciencia
que nos inyectaron en el Edén.
Perdimos la deliciosa ceguera del cambio.
Todo clarito,
todo asquerosamente preciso.
Idiota institutriz ocular, ocular,
globo ocular, obsesivo, redundante,
insistente, demente, idiotizante guisante
no quiero cocinarme condimentado
por tus ideas egoístas, incestuosas.

Ella se remueve, se reposiciona dentro,
entre las vísceras. Guiada por flujos de sangre,
olores genitales, va en relevo,
en ascensión al Hades.
Su dialecto es fibroso, sanguíneo, celular,
penetrante, mucoso.
rodéame el cerebro, que se ahogue, que se asfixie.
No más conceptos podridos,
que caigan bajo ondulante sabiduría.
Astuta conquistadora, es hora de apagar la luz,
de violar al fantasma de la mente,
de gozarte, mente, mente, mente,
de humillarte mente, mente, mente,
de matarte mente, mente, mente.

RUEDA DE FUEGO

Dorada piel

Te he visto de mañana, junto a tus temores y certezas,
rebosante morena,
he visto tu piel dorada nacer como sol tardío,
la faz sinuosa y húmeda de tu rostro,
con el brillo de su desnudez,
con la humedad del roquerio.

Caprichosa niña, girasol atado en la penumbra,
silenciosa como laguna encendida,
brisa fresca que resuena cercana, habitando en mi memoria,
senda similar a mi senda,
semilla y fruto.
Has llegado al mundo, hermosa, inigualable,
ahora que el mundo se haga en ti hermoso, inigualable.
Eres faro, valle, torrente que no vuelve, agua detenida.
Eres astucia, caricia exquisita, sonrisa que funde los extremos del mundo.
Imperio de furia, frágil y mítica como pájaro de la noche.



Juntos

Ríe, ríe junto a mí,
acorta la distancia,
que hoy día quiero ser luna dorada.
Abárcame, entíbiame con tus giros de bohemia.
Corre, corramos para hacer rodar la tierra
ríe, riamos con más fuerza
para que la gran luna se encienda.
Abre tus ojos y así,
las alturas sin el sol habitarán tus soledades.
Mírame, mirémonos,
para hacer de nuestras soledades,
un lazo entre las mareas y la luna.



Como viento que borra estelas

Niña, bájame una nube blanca,
pronto, has crecer tu cuerpo hecho de viento.
Borra de mi cielo los nubarrones,
estrecha en tu pecho, la espuma del cielo.
Has de mi, una mariposa en tu sol,
una hierba en tu pradera.
Llévame a tus ojos, para intentar ver lo que ves.
A tu corazón, para ser sangre en tus angustias.
A tus valles, para llegar cual agua de montaña
a tus profundidades.

Vuelve la vista, que soy yo quién te quiere amar.
Quién quiere amarte, pero no poseerte,
quién quiere ser tu suelo para que rías y llores sobre él.
Para ser simplemente, un matorral hecho de sol y de lluvia.
Para ser de mis ojos, destino de tus ojos.



Cerezas

Porque no hacer de la vida
algo distinto cada día.
Hacer frente a un prado de cerezas rojas,
palpitantes de la tintura esencial
que mancha a los enamorados.
Y surcarlo, penetrando su intrincada geología,
pero suavemente,
ora, de hebras blancas de paloma sumisa,
que vuela desde el primer día en tu corazón,
agolpado por pasiones infinitas.
Ora, como un titán, que llora a los pies
de una niña sonriente.



Una Pasión

El cielo afloraba encendido
mi corazón estaba encendido
el fogonero junto al fogón
eran una llama,
vivir junto al fuego
era sinónimo de incendio.

Mi espíritu se encendía
la vida era un incendio eterno.

Hechizados todos
tocados por cálidos alientos.
Todos perdidos en el enorme mundo
y todo el infinito en movimiento
prendido como dos aretes
que rozan mi piel.

¡Que oleaje hermoso es el de la vida!,
suavidades y monstruosidades
son acarreadas al unísono.

Pongámosle a la marea de la vida
el nombre de Macondo.

¡Eso, eso es, el nombre del lugar donde todo es posible!



Lo que orienta mi navío

Aquí es donde reposa mi corazón,
el lugar donde el sol de febrero anida.
La fuente donde los amoríos se derraman para siempre.
Donde las alegrías son mucho más que las angustias.

Por eso estoy aquí, ¡Sí! por eso, porque las ranas y las estrellas cantan y su canto no cesara jamás.
Estoy para guiar al sol, para reírlo y para llorarlo
y si algún día se apagara su llama
que las cenizas sean mis dulzuras, mis caprichos.

Estoy para ser nube, suave, ingrávida, vulnerable.
Para ser hierba, acariciada, azotada y florida.
Para sentir con regocijo que estoy vivo, tibio, tembloroso.
Para con todas las edades, amar abierto y sin temor.
Y gritar aunque apague el silencio y callar aunque un torrente infinito brame de locura.

¡Sí! porque hoy día mi pecho es la montaña paciente que suspira y lo hace como testigo en retiro.
Como una criatura abandonada pero alegre.
Alegre como un látigo dorado, alocado, frenético,
caprichoso como fuego.

Estoy para arrancarme el corazón y ofrendárselos sin temor a nada y para amar porque de amor está hecho el mundo.

Para aprehender de estas verdes lejanías la humildad.
Para gozar de tanta gracia como un loco.
Para amar por entero sin decirlo. Para no perecer. Para que la noche no muera.

¡Sí! todo es tan simple, vasta suspenderse, desprenderse sin cesar. Para partir cual estrella fugaz a las regiones donde la nostalgia es la compañera.

Por eso me marcho, como testimonio de esta bella comunión. Levantando mi mundo y el de vosotros.
Vosotros los magos de mi corazón, los que hacen de mí
una criatura, soñadora, amadora.

¡Oh! Que dicha más dulce ¡si! dulce, que alegría ¡Dios!
Y para verlos caminar por el bosque como gacelas
y para que conozcan mi caminar hecho de poesía.
Poesía clara como la dama del bosque.

Ya no me apartaré de ustedes, ojalá caminara
junto a ustedes hasta el final.
Desde un corazón que intenta hacer del dolor una alegría que perdure.



Estoy triste

Hoy estoy triste
triste, de una criatura de cabellera oscura y frondosa.
Frondosa de silencios y fascinaciones como la noche lunar.
Triste de sus ojos
que son como alas de un pájaro inocente.
Triste de su onduloso y divino andar.
Triste de ver su espíritu
en cada uno de sus aleteos tibios, en cada uno de sus besos
que son como brisa al mediodía.
De estar junto a ti, delicadamente posado en tus suspiros,
de estar junto a ti, alucinado, dulcemente triste.

Los dos contemplando el mismo secreto,
y tu aliento rozando mi mejilla
y miro tus ojos y sonrío.

Como criatura me dejo mecer
en tu sensualidad hecha de inocencia.
Los dos contemplando el mismo secreto.
Yo girando en las luces y sombras de tu rostro salvaje
y tu mirar perdido en el secreto
buscando tal vez una criatura donde posar tus labios.

Hoy estoy triste y tu también lo estás.
Ambos hermosos, amándonos sin quererlo.


Tu cuerpo, espiral de ensueños

Apagando soles
caes sobre mis labios
mi terciopelo de noches.

Mi callada aurora,
la de cálido vientre.

Suave, delicada,
temporal de caricias.
Mi tentadora desvalida hierva,
mi alocada criatura.
Suspiradora adorada marea,
exquisita dulzura.
Mi dorada esperanza.



Noche

Noche clara,
clara de luciérnagas
vibrando en la noche,
noche de brillantes lágrimas,
noche de manos tibias
alfombrando tu cuna de estrellas,
noche, de aquellos días
de verano coronadas,
noche de ojos de amapola cansada,
noche nacida de ojos celestiales,
noche nacida de corazones arados
por aceitunas oscuras y lágrimas de luna.

Quisiera colgarme y aferrarme
en tus pasos imparables,
nutrirme de abundantes llantos,
agotando tu tiempo de árboles pálidos,
para ser aguacero eterno,
creador de primaveras.

Para llenar tu palacio
de ojos vacíos
con sangre de nieve.



Poema a mi abuelo

Océanos escarlatas te vieron nacer,
gladiador de seda mediterránea.

Cultivaste crepúsculos
sobre suelos patagónicos,
surcador de lumbreras
en la noche de los hielos.

Arrastrando arenas
al otro extremo del mundo,
huiste de dragones.
Campanas de tu tibia pradera
quemaron tus ojos,
escarpando lejanías.
Como suicida vegetal
falto de progenitores,
ascendiste, semilla continental,
capitán celeste.

Hiciste de los Andes
surco de tus labranzas,
te erguiste sobre un caballo polar,
huellas, fueron el signo de tu habitar.
Sobre tu cabeza, un mar muerto
enlutado en fogatas de astros.
Tu casco, lazo del infinito,
cargaba la linterna
como un niño llevando soles
a través de la tierra.

Dueño de mansiones solares,
explorador de nubes de carne, sacrificadas,
constructor de arcas en el diluvio de los vientos.
Fortaleza amurallada
la de tu diente de león
que te abrazó al viento,
temporal enemigo de anclas,
arquitecto de palacios de acero
en la cima constelada.

Ojos azules los tuyos,
admirados por asoleados jaguares.



Deseo

Mañana tibia y oscura
deseo rodar, girar,
como las hojas en el viento,
deseo que mis palabras
caigan como granizo sobre la tierra,
deseo que mis visiones viajen
en los ríos, trigales, crepúsculos,
vientos, amaneceres, deseo nutrirme
para así nutrir mi muerte de jardines
aterciopelados por girasoles.


Sol Frío

Tarde de castaños,
tarde de horas tostadas,
tarde de silencio apartado
que estrechas entre maleza
mi corazón en flor.

Por fin, llego a ti naufragando,
trayendo a mis espaldas,
los escombros de un amor destrozado,
de un amor acabado.

Las mañanas, las tardes y las noches
se hacen una en lo que observo.
Veo congelados mis impulsos
en la roca desolada.
Me quebrajo a cada segundo
bajo baños de luz que me queman de frío.

Añoranzas, melancolías,
ocupan mi barco de fuego, de hielo.
Los ojos de la noche bañados de esperanza,
van buscando el timón en el abismo.
Siento mi paisaje atravesado por nubarrones,
la roca cubierta de sombra, me encuentro detenido.

Mientras la luz sigue su ruta
buscando mi paisaje,
para naufragar sobre mi frente
coronándola de sueños.



Solo la lluvia

Te esperé
mas en el camino
los bueyes y las piedras húmedas
sabían que no vendrías.

La lluvia caía, el viento soplaba,
mas en el camino tu no estabas.

Acaso tus pies se olvidaron
del camino solitario.
Tal vez un pronóstico climático

traslado tus deseos a otras latitudes.
O quizás tu corazón se extravío por siempre
para ser nido de huérfanos gorriones.

Y es que ninguna razón era real entre nosotros.
Nuestro amor era distinto,
solo la lluvia
solo un camino
mas de esperas yo no sabía.



La bese

Soñando la bese
bajo la sombra de la noche la bese
mas sus labios nunca toque.

Y es que tras los párpados
un beso no es un beso,
solo aire como la palabra
pronunciada por mi boca.

Mientras escribo estos versos
el viento besa mi piel,
pero este no es el beso que espero
besarla a ella es lo que quiero,
pero mientras escriba y sueñe besarla no podré.

Todavía la poesía me roba sus labios.



Vacías quedarán

Tengo unos poemas
los llevo siempre donde voy.
Son mi tesoro, mi obsesión,
una clara medida de lo que busco.

En el libro están, entre la noche
de las páginas sin abrir.
Atados a mi corazón solitario,
endurecidos en la lápida del tiempo.
Sin aliento, desangrados,
perdidos en la palabra por la palabra.

Tengo unos poemas que entregar
en blanco quedarán las hojas
y solo la vida será la página luminosa que llenar.


Negros Tacos

Sigo tu balanceo, flexible mujer.

Desde la tierra perforada
por tus negros tacos,
subo, poco a poco
por tu incansable tajo.

Oscilan, oscilan tus muslos,
tus duros muslos
bajo el ropaje ceñido,
ceñido de calor,
ceñido de respiración.

Sigo de tanto en tanto,
de tacto en tacto tus suaves bordes,
suaves, tibios y aromáticos bordes.

Sigo tus máscaras, tus dulces,
despiadadas y ardientes máscaras.
Estoy envenenado,
sin orgullo, evaporándome.

Oráculo del deseo
tu rito es el movimiento,
el vaivén de tus senos
y nalgas floridas.

Quiero seguirte por completo,
pero el misterio te envuelve,
refinada bestia.

Tu sereno rostro se desfigura
en agitadas muecas,
muecas blandas, muecas duras,
encrespadas, jadeantes,
jadeantes muecas,
sedientas muecas de placer.


Mármol Negro

Me encontraba de pie
en medio de una densa neblina
comencé a caminar y a cada paso que daba
el velo de la bruma se abría
en trocitos de verde césped
con el aroma de los cielos.

Mi nariz y mi mente
no pudieron contener aquella frescura,
convertida en mareo exquisito y fugaz.
Frente a mí se sucedían las visiones.
La copa de un gran árbol
me ofrecía sus frutos
como encendidas esferas
de metal reluciente,
con solo rozar una de ellas
mis manos parecían arder
con el ímpetu de una llama.
Puse en mi boca
este pequeño fruto de luz
y al instante se extinguió
en jugo riquísimo,
con el espíritu de un río.

Ahora mi cuerpo parecía flotar
en una fontana sombría
de bordes esfumados,
lugar donde mis ecos retornan
con una voz diferente.
Tal vez la voz de otra vida.
Algo supremo parecía darme y quitarme
con intensidad repentina.

Al ritmo lento de mi corazón
una levedad insondable,
como el misterio de la creación
se apoderaba de mi.
Los párpados en mi cara cerraban mis ojos,
pero en este lugar aquellos
no eran materiales.
Bajo una fuerte lluvia,
podía ver con total claridad
el bloque de piedra
situado al morir el jardín.
De pronto me hallaba junto a el.
Era un gran mármol negro
con hermosas vetas doradas.
En su interior yacía
la figura envolvente
de una bella mulata.
Frente a mi
comenzaron a girar
sus duros miembros
y en cada giro su cuerpo pétreo
era más vida, más conciencia mortal.
Con gran estruendo el muro de mármol
se retiró como soberbios rayos
que huyen de nuestras míseras almas.
Solo ella, quedó suspendida
sobre la hierba.
Sonriente, me miraba
bajo la voz de la lluvia.
Durante un instante
¡Silencio inmortal!
Se hallaba junto a mi desnuda.
Hilos de agua descendían inquietos
sobre su piel erizada de frío.
Puse mis manos en su rostro,
vi en sus ojos placidez infinita,
había en ella una permanencia
que superaba mis sentidos.
Extendió su cuerpo para besar mi frente
y dulcemente dijo:
Ten compasión por todos los seres.
Puso su piel contra la mía
y en una explosión de luz
se hizo espíritu en mi.

Calma Pura, anhelo imposible.
¡Preciosa Forma que quitas el ardor del deseo!
Cesó de llover, se apagó el viento.
Ascendí sobre el prado,
sobre el Camino del Medio
entre los extremos opuestos,
sonriendo.

Nubes pasajeras
cruzando mi mente.


Para aquellas almas
congeladas de soledad

Hay lugares que poseen
el zumbido de un enjambre.
Y se te olvida por un instante
ese frío que penetra profundo en tu piel.
Luego sientes un fuerte escalofrío
que te indica que esta región del
trópico no es suficiente.

Es ahí, cuando tu sangre quiere
fluir a otra sangre, es ahí,
cuando quieres dar término al
sueño que te impide respirar.

Ves lo que te digo, es el reflejo en el arroyo.
Cuando lo vi supe que era yo.
El torrente fluía, pero mi ser
bajo el agua permanecía inmóvil.

¿Por qué miras así?, ya se, me ves
confundido, pero no comprendes.
Yo solo busco ese cansancio
infantil, ese barro seco cubriendo
mi carita. Aquello era formidable,
sumergido entre fibras nerviosas
mí cuerpo era un cataclismo.

Ya que estas aquí, quiero que me
prestes por un instante tu piel.
Sí, y no creas que bromeo.
Recuerdas, esa que dejaste tendida
a lo largo de la carretera,
la que vibra de emoción
cuando se atemoriza.

¡Pero es una locura!
El dolor que he sentido
esa miel deliciosa que recubre
mis cavidades, es intransferible.
No puedes arrancarla.

Pero puedo unirme a ti y en tu reptil
descenso, poner arder mis plaquetas rojas,
llenas de tu carne irracional.

Cerca de la cima volcánica somos
almas anónimas bañadas de un vapor hormonal.
Ya estoy cubierto de tu piel
y me siento a punto de caer.

Hemos llegado al fondo de un nuevo cuerpo,
un vértigo arterial borra
todas las fronteras de mi ser.

Tus huesos son mis costillas, clavadas,
flexibles, como mi lengua en tu boca.
Ya no distingo entre tus manos y las mías.
La respiración es un viento cósmico.

Somos un hilo de metales fundidos,
cruzando en silencio nuestro
amor infinito.
Ahora que miro, tus ojos fijos en el más allá,
siento paz, soledad y nostalgia,
mucha nostalgia.
Lo puedes ver. ¡Sí!, mi interior.
Soy una medusa transparente,
girando en el arroyo.

Dos medusas, no una, dos temores,
dos niños, dos tristezas, dos sueños.

Quiero nuevas vestiduras una y mil
veces, nuevas muertes sobre tu carne.

Luego despertar en el silencio del espacio
exterior, libre, solitario y eterno.

jueves, 14 de junio de 2007

MOLINO DEL TIEMPO

Mapuche Universal

El horizonte esta inmóvil, pareciera que contempla.
Estamos en un borde del mundo exhausto.
No vibra la silueta solo espira residuos.

En estas regiones las palabras no son necesarias.
Testigos vibran sobre la extensión.
Solo humo, hipnótica serpiente de canasto.
Polvo, nada mas que polvo.

La cuerda floja solo soporta, el principio y el fin.

De polvo eres y al polvo volverás.

Es el milenio del brujo mapuche, profeta
de la tierra azul.
Es el tiempo del trance nostálgico.
Pasado y futuro, son raíces en el oráculo de humo
del presente.

Combustión mental, síntesis, concentrado de humo,
jarabe milagroso del mapuche.



La alfombra y su arlequín

Un arlequín
quieto como el sol
rebosante de alegría
sobre los cimientos
oscuros del mundo
y tras él una alfombra mágica
que transfigura sus valles
en otro Universo.

Profunda realidad
donde las manos del sueño
tienen su imperio.


Retorno

Alza tu cuerpo,
hoy el corazón de todos pide tu retorno,
no hagas llorar en tu corazón
a los que te esperan.

Escucha el vaivén de tu pulso confuso,
desbordante, destructor de límites.
Pon claridad en las aguas,
verdor en los valles y
vierte tus caricias rojas
en los tiestos de tu cuerpo.

Levanta un volcán con los peñascos
de tu cintura costera.
Esculpe un navío con manos de viento oceánico,
levanta tus velas de piel al dorado estelar.

Da tus pasos con serenidad,
no agites tu corazón
que las palpitaciones del resto
ocuparán el tuyo.

Camina con felicidad
junto a tu cuerpo marino.
Duerme de noche,
que de día serás espuma
habitando otros mares,
serás roca en otras tierras,
serás la nueva brisa del olvido.

Como lucerna en la noche
habitarás en los corazones
como el tuyo.

Por favor hombre, anda,
que hoy el viento es bueno
para los que te esperan.

No sea que la costa de tu destino
esté deshabitada
cuando hayas regresado.



Eléctrica nostalgia

Que rápido pasan los días
todo parece igual,
ahora tienen término
y hay poca luz en ellos.

En todas las emisoras el Tecno suena
plano, mecánico, tormentoso.

Es una lata no sentir,
apretando siempre el botoncito
de la nada porque sí.
¿Ves como todos se ponen pálidos?
Es como si el aire produjera anemia,
son los 90 con su ilusión de década original.

A veces es como si el tiempo se fuera gastando.
La onda expansiva de los 70 con sus horas infinitas
alcanza el borde de nuestro ideal.
Contrapeso del tiempo perdido en la nostalgia.

Me han dicho que aun existe el terreno
de la parcela del 40. En esa época Telefon Line,
Confusión, Train on London eran aire, luz de cada día.
Había anchura en el corazón, la sangre era el mundo.
Todo para sentir, para soñar, en fin para olvidar.

Recuerdas Antar el Terry, sus ladridos
desde el fondo de la huerta. Sí, pero ya casi no siento,
aunque siguen ahí esperando por nosotros los espejismos del pasado.

En el río de nuestra memoria en son del mar, flotando están,
los días de piscina, el nogal florido, las melodías de Chicago.
Aunque son del pasado en mí son eternas, constantes, alentadoras.
Suena en la radio una banda de este tiempo, Los Pearl Jan.

Guardo solo un beso, de un tiempo que ya no volverá.
Tal vez fue la mejor época o una mera ilusión.


Al paso de las horas

En el reloj de madera
aparece un tiempo que se olvida
en el silencio de las tardes cansadas.

Esta tarde nublada solo sabía
de recuerdos y de sueños locos.
No esperaba al olvidado visitante sin edad.
Este lugar de cálidas maderas me habla
de diluvios y sequías pasadas, de ladridos
primitivos que todavía se escuchan.

Flotando estoy
entre un huevo hecho trizas
y una cabaña anclada a los sueños.
Me olvide por un instante de la materia que me forma.
Pero lo que queda de todo es que las cosas pasan y no retornan jamás.
Así como le ocurre a nuestra memoria
que coja a quedado, por haber olvidado al origen.
Es la señorita historia la culpable de que el tiempo y la muerte
suenen de vez en cuando en el reloj de la tarde.

Simplemente me encuentro
entre largas bancas y una mesa tendida frente a la ventana,
como el perro más querido de una hacienda.
Ventana que sabe de la memoria del tiempo
y de un visitante sin edad que pasa y no perdona.
Ya siento el aroma del pan servido por mis amigos
y el ruido de la motocicleta de Iván que junto al bosque
permanece sin necesidad del recuerdo.

La nostalgia es la materia de la vida al agotarse.
El recuerdo nos enseña que la luz de las estrellas
aunque muerta brilla en nosotros como la lejana niñez.


En honor a Vincent

Cual Prometeo arrojó el fuego a las profundidades de la tierra.

Coloreó el devenir en sinfonía de matices. Fue mago con la tierra, hijo de los establos, amigo leal de los campos. Pintor alquimista del espíritu llameante, poseedor de un gran grito amarillo en un fondo de ecos violetas.

Su corazón roto palpitaba entre el mediodía y la noche. En las tinieblas era un astro desolado; bajo el ardiente anillo un cuervo negro de vuelo explosivo, salido de las minas de carbón de Borinage. Lanzose tras el oficio sepultando los días con pinceladas de dolor.

Un amor furioso y lúcido encendía la caldera de sus sentimientos. Con paciencia de oriental buscó la redondez y el trazo simple.

De Delacroix amó su orquesta de complementarios. De Millet sus aldeanos en acción y la idea de sacrificar el alma por el arte.

Lejos de la ignorancia estabas, bastión de cultura y verdad. De Miguel Angel lo tenías todo. Acróbata de las imperfecciones. Enemigo del vacío método de la academia.

Holandés de nervios vibrantes, ante ti las telas temblaban y los ojos del vagabundo ascendían derribando catedrales.

Solo tú conocías los caminos siniestros de la maraña mental, eclipse para siquiatras tarados. De una ojeada hacías contrastes en forma de remolinos infinitos.

Tu sistema nervioso era una fábrica de pigmentos. Un naranja y un azul bastaban para unir a los enamorados, rastros de amarillo y azul para una delicada boca.

Tu gran resistencia y sensación de fracaso te hicieron envidiar y amar al japonés. Pero tu vuelo siempre fue más alto, pájaro en cielos de tormenta. Así es Vincent, pues, tu conocías el coro de tu ser, tus soledades, obsesiones, el soportar y el continuar.

Te sentiste como semilla estéril. Pero aquí, después de cien años eres primavera.

Fuiste vencido por la fuerza no por el corazón. He aquí, pues, a Vincent.

He aquí al loco, a la nulidad, al bueno para nada, pero que siente profundo y delicado y que brilla como un penetrante y angosto río en la provincia.

¿Qué más puedo hacer por ti Vincent?



Un comienzo

Las calles ardían en un Domingo de la ciudad. Los heladeros hacían rodar los pedales, giraban entre los torrentes verdes, se derramaban en las plazas y tras ellos los cardúmenes de niños huían del sol. Blanco como un fulgurante diente de león, el sol se estrenaba, frente a los ocultos ojos sombríos de la gente. El alma del desierto era amo y señor del caprichoso sistema metropolitano.

El sol creador de animales, vestía a los niños en grotescos coloridos. Provistos ahora de un talento mágico desataban de la corta siesta a ondulantes mangueras lanzadoras de frescos chorros, bolsas de agua con la flexibilidad de un gato casero, que tenían como meta el cuerpo blando y claro de una criatura sudorosa, charcos plateados que reflejaban el sol a disposición de una esponja de verano, el jardín ardiente del frente los tragaría a borbotones. El genio infantil era desatado, desafiaban al sol.

En las esquinas, colorados como salsa en conserva, por aquí y por allá, desparramados, uno que otro hombre alcanzaba un pequeño almacén, cazando como en un tren lo antaño, los cielos grises de inviernos pasados, las distintas melodías, encuentros y despedidas de otros Domingos. La cerveza caía en sus vientres, como agua de un balde que cae sobre carbón encendido. En cada burbuja de la cerveza iba un recuerdo encapsulado, al momento de reventar aparecía el pasado, todas las estaciones ocupaban un espacio en sus mentes.

Las casas espiraban por las puertas vapores refrigerados, bostezos de una siesta rutinaria balanceaban el cortinaje de las ventanas. Ilusoriamente los problemas desaparecían frente a los poderosos mandatos del sol. Se tendía hacia la unidad, cada criatura era un fogón coronada de baños fríos, lecturas oceánicas, odiseas después de la ensalada fría por las largas avenidas en busca de un parque, donde los chanchitos de tierra y los tréboles alimentaban polos microscópicos.

Todo tendía a apartarse del sol, todos eran arquitectos de inviernos artificiales. Imperaba la energía, la actividad, todo era actividad ¡ Sí ! movimiento ¡movimiento !. Era interesante ponían toda su atención en ventilar sus almas solares, querían poseer un iceberg pero estaban llenos de una actividad abrumadora.